Y solo la sangre de una mujer
no tan mujer
llama a la puerta de los vidrios rotos,
que lloran al paso del agua de lluvia
que miran a través de un libro
gritan por cuatro días
salvándome del terror de morir.
Espejos muertos
escuchan voces sin voz
uñas rascando.
Y el mar pariendo
un nuevo sol.
Montserrat Collado
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